El equilibrio entre dar y recibir es la dinámica que mantiene vivo el intercambio afectivo. A diferencia de la relación padres-hijos (donde los padres dan y los hijos reciben), la pareja es una relación entre iguales.
Así funciona este intercambio:
La espiral del intercambio positivo: Cuando tu pareja hace algo bueno por ti, sientes la necesidad (una "deuda" saludable) de devolverle algo. Para que la relación crezca, debes devolver un poco más de lo que recibiste. Esto genera una espiral ascendente de generosidad y bienestar.
La compensación en lo negativo (La venganza con amor): Si uno daña al otro, el equilibrio se rompe. Para sanarlo, quien fue dañado debe reclamar una compensación, pero —y aquí está la clave de Hellinger— debe devolver el "daño" en una medida un poco menor. Esto permite que la justicia se cumpla sin destruir el vínculo, abriendo la puerta a la reconciliación.
El peligro de dar demasiado: Si una persona da en exceso y no permite que el otro le devuelva, se coloca en una posición de "superioridad moral". El que recibe demasiado se siente abrumado, pequeño y, eventualmente, se marcha de la relación porque la deuda se vuelve impagable.
Para que la pareja prospere, ambos deben estar dispuestos a ser deudores y acreedores alternadamente.